SANAR LA INFANCIA Y LA RELACIÓN CON NUESTROS PADRES.

La esencia de nuestros complejos y traumas a lo largo de la vida surge en la infancia.
¿Qué heredamos y qué aprendemos en la infancia?
El TEMPERAMENTO se empieza a formar desde que somos concebidos, lo heredamos de los padres y generaciones que los anteceden, es la manera básica en que nos enfrentamos y reaccionamos ante una situación. Juega un papel importante en la formación de la personalidad, junto a la educación que nos dan en el hogar y a la información que recibimos del medio donde nos desarrollamos. La PERSONALIDAD por su parte, comienza a crearse desde el momento en que nacemos, se forma a través de lo que nos transmiten nuestros padres y personas con quienes convivimos. Adoptamos sus diferentes conductas, emociones y características que posteriormente formarán nuestras cualidades.


¿Cuándo comienzan a educar los padres?
Los padres inciden desde que abrimos los ojos por primera vez hasta el presente. La madre juega un papel fundamental en la educación del niño, pues desde que este comienza a formarce ya le está mostrando hábitos, sabores, horarios de sueño… Se dice que tienen un instinto natural para percibir las señales del bebé, puede comprenderlos por intuición. Ella se enfrenta a una serie de cambios en su cuerpo y su mente que modificarán su vida por completo, cada evento en su estado de ánimo se relacionará directamente con su hijo. El padre cumple un importante rol desde el primer momento, su ejemplo, determinación, amor y compañía son esenciales para su pareja y el niño. Él es tan necesario como la madre lo es, ambas partes influyen y forman un equipo en esta compleja tarea que es la EDUCACIÓN. Así queda nuestra concepción, los valores que nos distinguen y la responsabilidad de nuestros padres desde el día en que abrimos los ojos al mundo.

Ahora bien… ¿Cómo recordamos nuestra infancia cuando nos ha afectado?
Si aún no eres padre y tienes conflictos con tu niñez, estoy segura que aún reprochas el trato de tus padres o lo que pasó. Para quienes ya lo somos, sabemos cuánto cambia el enfoque al juzgarlos para bien o mal, una vez que tenemos un hijo. A medida que damos amor a los pequeños y nos convertimos en sus protectores,
vamos reemplazando como por arte de magia algunos de los crudos pensamientos que una vez tuvimos hacia quienes nos concibieron. Más de una vez pensamos: «Cuántas cosas me aguantó mi madre»… «Que malcriada fui, que injusta cuando culpaba a mi madre de todo lo malo que me sucedía»… «Debí comprender más a mi madre y apoyarla»… «Debo perdonar aún a mi padre por su ausencia, hoy se que no pudo hacerlo mejor, le faltaron herramientas para educar y amar»…
Simplificando los recuerdos que nos hicieron estragos en esta etapa tan hermosa: nos la pasamos culpando a los demas o a uno mismo.

En resumen, percibimos la niñez de acuerdo a las memorias que guardamos de lo vivido pues existen 5 heridas de la infancia que disfrazamos cuando nos hacemos adultos y ellas son:
1• RECHAZO: no me aceptaron tal como era.  ¿ Cómo me protejo de adulto? Huyendo, si alguien o algo me hace sentir así, me escondo, me aislo, no quiero ver a nadie, incluso a la gente que me quiere, siento que todos me rechazan, no pertenezco. 
2• ABANDONO: tuve padres ausentes emocional y físicamente. ¿ Cómo me protejo de adulto? Haciendo todo lo posible para que el otro no se vaya de mi lado. Atraigo problemas para llamar la atención. Prefiero aguantar en relaciones difíciles que ponerle fin. Me da mucho miedo quedarme solo.
3• HUMILLACIÓN: me ridiculizaron y se avergonzaron de mi. ¿Cómo me protejo de adulto? Anulando mis necesidades y centrándome en las de los demás. La culpa y la vergüenza que arrastro me impiden aceptarme y cuidarme. Por eso me resulta más fácil ocuparme de los demás que de mi.
4• TRAICIÓN: no cumplieron lo que me prometieron: ¿Cómo me protejo de adulto? Estando en hipervigilancia constante. Tengo que tener el control de todo lo que ocurre a mi alrededor, para anteponerme al peligro y así evitar sorpresas. Soy muy exigente en mis relaciones porque me da miedo que me mientan.
5• INJUSTICIA: fueron fríos y autoritarios conmigo. ¿Cómo me protejo de adulto? Escondiendo lo que siento. Soy muy sensible pero no lo demuestro. Me exijo mucho a mi mismo porque creo que se me aprecia por lo que hago y no por lo que soy. Me cuesta comprometerme por miedo a equivocarme.
¿Cómo sanar nuestra infancia entonces?


El pensamiento que debemos tener en el presente es que nada de lo que pasó en ese entonces lo podemos cambiar, hay que aprender a vivir con el pasado, perdonar y perdonarnos sin olvidar, está bien si duele el proceso, significa que sanará. Lo importante para reparar la historia que vivimos cuando niños, es recordar cada vivencia sin que nos lastime. Hay que soltar, permitirle al tiempo que nos cure las heridas que aún siguen abiertas. Para nuestro inconciente no hay edades, cada vez que retomamos un recuerdo y comenzamos a rumear en nuestra cabeza aún somos aquellos niños de 4, 7 o 10 años sufriendo las mismas heridas … Perdona y elige cambiar el futuro. Siéntate un día con tus padres y pregúntale sobre eso que tanto te dolió, pregúntale ¿por qué lo hizo? ¿por qué lo dijo? no te quedes con las ganas e inténtalo. Nada te impide preguntar y saber, puedes hacerlo si trabajas en tu autoestima y reconoces cuánto mereces esa respuesta si aún te afecta pensar en eso. De lo contrario si ya estás convencido que no harás nada, déjalo ir para que no te lacere. El día perfecto es hoy… no lo aplaces.
Para lograr sentirnos bien con nosotros mismos, lograr esa FELICIDAD que solo viene de la paz interior, es necesario que cerremos esos capítulos de dolor de nuestra niñez. Es maravilloso cuando logras esa armonía luego de haber PERDONADO. Ningún ser humano es perfecto, todos comentemos errores alguna vez… por eso debemos REPARAR esas cicatrices para no REPETIRLAS con nuestros hijos, ellos no merecen pasar por lo mismo.
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